El origen de la Pascua: 3 historias y tradiciones
Las primeras fiestas y celebraciones han sido y siguen siendo las fiestas asociadas con las estaciones, y con el paso del año de manera cíclica, sobre todo porque hasta hace poco el ser humano necesitaba vivir en sintonía con los ritmos de la tierra para cosechar sus frutos y poder subsistir. Lo que hoy llamamos en Europa fiesta de Pascua es una de las festividades más antiguas y universales, con raíces tanto en la tradición cristiana como en celebraciones paganas anteriores.
Mucho antes del cristianismo, en Europa se celebraban festividades relacionadas con la llegada de la primavera. En la mitología germánica, la diosa Ostara o Eostre representaba el renacer de la naturaleza, el crecimiento de la luz y la fertilidad de la tierra. En inglés, la palabra Easter proviene de su nombre. El conejo de Pascua, un símbolo de fertilidad, y los huevos decorados, que representan la vida y la regeneración, también provienen como símbolo de estas antiguas celebraciones.
Además, algunos autores han relacionado el origen de esta diosa germánica con otra diosa de la fertilidad y la naturaleza: Astarté, de origen fenicio. Esta deidad está asociada con Inanna, la diosa sumeria del amor, Ishtar en la civilización mesopotámica o la cartaginesa Tanit. Más tarde, en la mitología griega se correspondería en parte con la diosa Afrodita (belleza) y en parte con Démeter (agricultura). Todos estos nombres son los de las diosas relacionadas con la naturaleza, la fertilidad y el resurgimiento de la vida que se da en la primavera.

Su origen religioso se remonta a la festividad judía de Pesaj, que conmemora la liberación del pueblo hebreo de Egipto. El Pesaj se considera una de las tres fiestas estacionales, por su vinculación con los ciclos agrícolas y de peregrinación y se visitaba el templo de Jerusalén para realizar ofrendas.

Y ya en la tradición cristiana, la Pascua celebra la resurrección de Jesucristo, simbolizando la renovación, la luz y la esperanza.
Cómo se celebraba la Pascua antiguamente
En la antigüedad, la Pascua se celebraba con rituales de fuego, festivales en honor a la primavera y ofrendas a las divinidades de la fertilidad. Se encendían hogueras para simbolizar el triunfo del sol sobre la oscuridad del invierno, y las comunidades se reunían para compartir comidas y pintar huevos con colores vivos, evocando la llegada de la nueva estación.
Con la expansión del cristianismo, estas costumbres se integraron en la festividad religiosa. Los huevos pasaron a representar el renacimiento y la resurrección de Cristo, mientras que la Cuaresma y la Semana Santa añadieron un componente de reflexión y preparación espiritual.
El huevo y el conejo de Pascua también tienen raíces en antiguas tradiciones paganas y cristianas.
Origen del conejo de Pascua:
Se asocia con la diosa germánica Eostre, relacionada con la primavera y la fertilidad. Los conejos, conocidos por su rápida reproducción, simbolizaban la vida nueva y el renacimiento. Con la expansión del cristianismo, esta imagen se fusionó con la festividad de la Pascua. Después surgió la tradición de un conejo que trae huevos decorados a los niños que se popularizó en Alemania en el siglo XVII.
Orígenes del huevo de Pascua:
El huevo de Pascua tiene orígenes que se entrelazan con mitos y tradiciones de distintas culturas. Uno de los relatos más antiguos está vinculado a la diosa que hemos mencionado más arriba: Astarté, la diosa fenicia del amor, la fertilidad y la guerra. Se decía que Astarté había nacido de un gran huevo cósmico que cayó del cielo y fue encontrado a orillas del río Éufrates. Esta historia refuerza la asociación del huevo con la creación, el renacimiento y el ciclo de la vida.
En muchas culturas antiguas, el huevo simbolizaba la vida y la regeneración. En Egipto, Persia y Roma, se regalaban huevos decorados en primavera para celebrar la renovación de la naturaleza (y de hecho todavía hoy se mantiene en celebraciones al añadirlo en la mesa típica del Naw Ruz: año nuevo iraní que se celebra el 21 de marzo). Con la llegada del cristianismo, este símbolo se reinterpretó para representar la resurrección de Cristo, integrándose en la celebración de la Pascua. Durante la Cuaresma, cuando estaba prohibido comer huevos, así que se guardaban y decoraban para ser consumidos en la Pascua.


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